dilluns, 15 d’abril del 2013

“Comprender la maldad con los libros puede evitar sufrir”

“Comprender la maldad con los libros puede evitar sufrir”:
El escritor y periodista Héctor Abad Faciolince (Medellín, Colombia, 1958) llevó a El olvido que seremos (2005), la biografía en forma novelada de su padre, un médico volcado en la sanidad pública y defensor de los derechos humanos asesinado por un sicario.
De esta obra, su mayor éxito, dijo Mario Vargas Llosa que es “uno de los más elocuentes alegatos que se hayan escrito en nuestro tiempo y en todos los tiempos contra el terror como instrumento de la acción política”. Sobre ese libro habló ayer en el festival literario Gutun Zuria, que se celebra en Bilbao, al día siguiente de haberlo hecho con presos de la cárcel de Basauri.
Pregunta. ¿Por qué escribió sobre la vida de su padre?
Respuesta. La experiencia va nutriendo la escritura. Uno acaba de entender lo que le pasa cuando empieza a escribir, a traducirlo a palabras. Si la violencia se mete en tu casa y tienes el oficio de escribir, ¿cómo no hacerlo? Es una traición a tu oficio y a tu vida dar la espalda a una de las experiencias más duras que has vivido. No lo puedes olvidar y en un momento toca hacerlo; es bueno. Hay que contarlo para que se sepa. En El olvido que seremos era muy importante trasladar la vida de mi padre a unas palabras para que mis hijos pudieran recrear una experiencia que no tuvieron, para no privarles, en parte, del abuelo que no conocieron.
P. Reconstruir la memoria con la literatura.
R. La memoria se parece mucho a la fantasía. Es una reconstrucción loca de lo que creemos que pasó. Nadie recuerda lo mismo; estamos en la realidad de forma muy distinta. No es solo selectiva, sino que inventa.
P. ¿Y como periodista?
R. Un periodista tiene que ser un testigo lo más fidedigno posible, casi como un científico. Tiene que aportar pruebas de que vio fue así: documentos, testimonios, fotografías. A veces trato de hacerlo así también en los libros; intento hacer una especie de reportería para demostrar y demostrarme a mí mismo que es verdad.
P. El olvido que seremos ha servido para dar a conocer en otros países la violencia en Colombia.
R. Es un efecto colateral no buscado. Yo no pretendía resumir unas décadas de historia de Colombia. Sin embargo, como hay pocos libros sobre víctimas y muchos sobre la gente que mata, mucha gente tomó el libro como un arquetipo de muchas víctimas. Quienes padecieron muy de cerca los efectos de la violencia tomaron a esta víctima como alguien que los representaba.
P. ¿Puede ser trasladable a la sociedad vasca, que también ha sufrido la violencia?
R. Yo creo que sí. No hay sociedades sin violencia. Nosotros tenemos una sociedad más violenta que ésta, pero en la más pacífica se cometen dos asesinatos al año. Y esos dos se sienten de la misma manera que 2.000 o 3.000. Allá [en Colombia] el problema es más complejo. Todavía la guerrilla de las FARC no ha ofrecido, como hizo ETA, un alto el fuego unilateral. Es más complejo, son 8.000, en la selva. Cuando la cantidad de violencia es enorme es más difícil de resolver.
P. ¿La literatura, escribir libros de ficción, ayuda a resolver los conflictos violentos?
R. Steven Pinker, en un libro muy interesante sobre la violencia, y estoy de acuerdo con él, piensa que la novela burguesa del XVIII y el XIX ayudó a educar a las personas en la empatía, en la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Él demuestra con cifras que la violencia ha disminuido en los últimos siglos y cree que, en parte, se debe a la República de las Letras, a una mayor conciencia del sufrimiento que genera la violencia. No confiaría en que después de los libros de Primo Levi o Jean Améry vuelva a suceder un holocausto. O después de las grandes obras sobre el esclavismo, vuelva un Estado esclavista. Algunos confiamos en que en el mundo hay un progreso moral; con todo lo terrible que es, el mundo actual es menos terrible que el que permitía la esclavitud o exterminaba a los gitanos, a los enfermos y los judíos, o guerras que arrasaban todo. Hay gente que ve el mundo contemporáneo como lo peor; yo no. Creo que los ideales de la Ilustración europea siguen vivos.
P. ¿ Y por qué no llegan tantas historias sobre las víctimas a la literatura?
R. Es muy atractivo y más fácil hablar de la maldad en los libros; se lee con fascinación, con temor. Los buenos pueden ser cursis. Muchos libros no idealizan a los matones, son críticos, y comprender con ellos la maldad también puede servir para evitar el sufrimiento de muchos. Acabamos cansados de tanta bondad en las historias de santos, y creo que ya estamos cansados de historias de malos, de narcos, de asesinos, de guerrilleros. Yo creo que hacía falta una historia de un señor que no era tan malo. Todos somos una mezcla de bondad y maldad, pero mi padre era bueno.
P. ¿Cómo respondieron los presos de Basauri?
R. Preguntaron mucho. Hablamos de nuestras experiencias. Se interesaron por la experiencia de la lectura, por el lenguaje, por el método de escritura. Los presos no preguntan cosas muy distintas al resto de la gente. Leer es una de las pocas soluciones a ese exceso de tiempo y falta de espacio que hay en las cárceles. Leer nos saca del sonsonete de las obsesiones propias y nos lleva a otra realidad. Para mí la lectura es una liberación.

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Ensalada verde con espárragos y tomates secos: El plato de hoy es diferente y a la vez sencillo. Lo más importante es que los espárragos estén bien tiesos

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Se inaugura la carrera por la biografía de Margaret Thatcher: Las librerías británicas se llenan de obras sobre la Dama de Hierro y sale en Japón el nuevo libro de Haruki Murakami

El fotógrafo español Manu Brabo, premio Pulitzer 2013

El fotógrafo español Manu Brabo, premio Pulitzer 2013:
The New York Times saca pecho y obtiene cuatro galardones en la 97ª edición de los premios Pulitzer, los más prestigiosos galardones de periodismo, que otorga la Universidad de Columbia de Nueva York. En el listado, que se divide en realidad en periodismo y drama, entraron varios nombres latinoamericanos, entre ellos el del fotoperiodista español Manu Brabo, que fue prisionero de las tropas de Gadafi durante 44 días en abril y mayo de 2011. Brabo forma parte del equipo fotógrafo de la agencia Associated Press que cubrió la guerra de Siria junto al mexicano Narciso Contreras, el argentino Rodrigo Abad, y sus compañeros Khalil Hamra y Muhammed Muheisen, y que han sido galardonados por “la recopilación que han elaborado sobre este terrible conflicto civil”. Además, el fotógrafo mexicano Javier Manzano, colaborador de la agencia France Press, ha recibido otro premio, el feature photography.
Ente los premios recibidos por The New York Times destaca el de mejor reportaje de investigación por su serie de artículos sobre las denuncias de corrupción de Walmart en México.
En el apartado de arte, el Pulitzer a la mejor novela de ficción era uno de los más esperados, sino el que más, ya que este galardón no fue otorgado en 2012 por falta de consenso entre los jueces. En esta ocasión, los 19 miembros del comité seleccionador han premiado The orphan master’s son, de Adam Johnson, una novela que narra un viaje al corazón del ser humano y de aventuras que transcurre en Corea del Norte.
En el ámbito de las letras además hay otras seis categorías: mejor biografía o autobiografía, mejor obra de teatro, mejor ficción, mejor no ficción, mejor novela histórica y mejor poesía. Para obtener el Pulitzer en alguno de estos apartados es obligatorio que la obra esté escrita por un escritor estadounidense y que “hable de la vida americana”.
Los otros escritores estadounidenses reconocidos en esta edición han sido en la categoría de teatro para Ayad Akhtar por Disgraced; en historia para Embers of war: the fall of an empire and the making of America’s Vietnam, de Fredrik Logevall; en biografía para The Black Count: glory, revolution, betrayal and the real Count of Monte Cristo, de Tom Reiss; en poesía para Sharon Olds y su libro Stag’s leap, y, por último, en no ficción, para Devil in the Grove: Thurgood Marshall, the Groveland boys, and the dawn of a New America, de Gilbert King (Harper).

Agudizar el ingenio

Agudizar el ingenio:
Es asombroso descubrir que apenas sabemos nada de cómo llegamos a convertirnos en lo que aparentemente somos. Uno de los descubrimientos más recientes es haber constatado que hace unos ciento treinta mil años no sabíamos hablar y no teníamos más remedio que confiar en el lenguaje corporal para expresar a los demás lo que sentíamos. Las notas, los ruidos y las melodías eran mucho más importantes que el lenguaje.


El idioma escrito llegó mucho después, cuando se trataba de enredar al resto. Jurábamos que nos podíamos prestar dinero unos a otros porque lo íbamos a devolver. Mucho más útil que el lenguaje fue nuestra capacidad de fabricar utensilios de piedra. Los chimpancés podían utilizar las rocas para abrir las nueces o nidos de hormigas, pero solo nosotros aprendimos enseguida a transformar la roca en un utensilio que nos permitía seguir donde estábamos, sin emigrar en busca de un lugar más adecuado; reducíamos la roca hasta transformarla en un instrumento distinto.
Las llamadas ‘adaptaciones extrasomáticas‘ permitieron a nuestros antepasados liberarse de la evolución biológica. La invención de las herramientas fue la primera gran transformación de la especie humana. Entre otras cosas, nos permitió la conversión en carnívoros, rompiendo una tradición bien asentada en el resto de los animales: normalmente solo se enfrentaban a víctimas potenciales de un tamaño parecido al suyo, mientras que a los homínidos los utensilios de piedra nos permitieron atacar a presas muy superiores en tamaño al nuestro.
Hubo otras transformaciones que nos ayudaron: el sistema de moción bípedo liberó las manos para poder hacer otras cosas extremadamente útiles, en lugar de limitarse a andar con cuatro patas. los humanos aprendimos poco a poco algo que se iba a convertir en una fuente inacabable de innovación; me refiero a la capacidad para domesticar a otros animales, singularmente a los perros hace unos treinta mil años. Según la antropóloga Pat Shipman, fue esto lo que nos permitió estudiar con gran detalle el comportamiento de otros animales, como su capacidad de concentración. Para poder predecir movimientos de las posibles presas, hacía falta haber pasado muchas horas estudiando sus reacciones ante las amenazas. Tan es así que los humanos se convirtieron en competidores directos de los verdaderos carnívoros.
Egyptian_Domesticated_Animals
Domesticación de animales en el Antiguo Egipto (imagen: “Wikipedia“).
Cuando uno se para a pensarlo, lo verdaderamente asombroso es constatar que todo el aprendizaje se produjo en los últimos cien mil años. La utilización de los utensilios de piedra, el lenguaje o la domesticación de animales nos habían suministrado todo o casi todo lo que necesitábamos para sobrevivir. El resto es todo muy reciente y casi por añadidura. Por eso me han interesado mucho las últimas apuestas de algunos antropólogos y especialistas de la evolución, en el sentido de que la capacidad de innovación y posiblemente el grado de inteligencia eran mayores en tiempos pasados de lo que son hoy día.
¿Cuál es esa tesis, aparentemente extravagante? Es muy sencilla: la selección natural se efectuaba en un medio en el que se premiaban, por fuerza, las mutaciones biológicas de tipo positivo, la inteligencia y el espíritu innovador. Los peligros de la naturaleza y la falta de reservas prodigadas por la manada obligaban a agudizar continuamente el ingenio y a apuntalar aquellas mutaciones que favorecían los grandes saltos adelante en la evolución.
Haría falta comprobar si el número de mutaciones negativas es ahora mayor que antaño, porque los progresos tecnológicos y el cuidado de los demás permiten la supervivencia de seres menos preparados para enfrentarse a las dificultades ambientales o fisiológicas.
Se está barajando la posibilidad de que las condiciones actuales de mayor seguridad y justicia social no desemboquen necesariamente en sociedades más innovadoras que antaño. En el pasado, la evolución daba muestras de muy pocas contemplaciones y solo los más arriesgados apostaban por un futuro distinto. Hoy somos más precavidos y aburridos.

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Mi nombre es Secretan… James Secretan

Mi nombre es Secretan… James Secretan:
“Mi nombre es Secretan… James Secretan”. Por mucho que hoy nos chirríe esta carta de presentación, el espía más famoso de todos los tiempos no respondía en su génesis literaria al apellido Bond sino a otro bien distinto que su creador, Ian Fleming, tomó prestado de un filósofo del siglo XIX. El escritor británico cambió finalmente de opinión antes de entregar el manuscrito definitivo de Casino Royale (1953), libro inaugural de la saga, tal como revelan sus correcciones de puño y letra sobre un borrador que acaba de salir a la luz.
En puridad, el agente 007 se llamó Bond desde un primer momento, pero Fleming le buscó un sobrenombre para ocultar su verdadera identidad ante los oscuros personajes con los que suele lidiar en sus aventuras. Así, la versión preliminar de Casino Royale contiene una escena en la que el espía se presenta a un colega de la CIA bajo la cobertura y seudónimo de James Secretan. La sobrina del autor y responsable de la difusión del borrador, Kate Grimond, conjetura que su tío llegó a la conclusión de que esa duplicidad (Bond para sus jefes de los servicios de inteligencia MI6, y Secretan como alias en el trabajo de campo) podía generar confusión entre los lectores. Acabó descartando esa opción con una tachadura bien visible en el original y que quizá también cambió el curso de una de las franquicias más exitosas de las últimas décadas: resulta muy difícil imaginar al protagonista de los catorce libros de Fleming y de hasta la fecha veintitrés películas con otro apelativo que no sea el de James Bond.
Ian Fleming (1908-1964) utilizaba con frecuencia los nombres de la gente conocida, o bien una amalgama de los mismos, para bautizar a sus personajes de ficción. En el caso de su principal criatura literaria recurrió al apellido del filósofo suizo Charles Secrétan -cuya obra había estudiado en Eaton y en universidades de Alemania y Suiza-, aunque despojándolo del acento en su adaptación a la lengua inglesa. Esa elección inicial no prosperó, como tampoco lo hizo la de Miss Pettavel o Petty (nombre inspirado en la asistente personal del entonces máximo responsable del MI6, Kathleen Pettigrew) para denominar a la entrañable secretaria del jefe de Bond. La sobrina del escritor, que hizo estas revelaciones en una entrevista concedida al Sunday Times, no ha podido procurar pistas sobre la decisión final de Fleming de llamarla Moneypenny.
Sólo 70 años después de la salida al mercado de Casino Royale, los millones de seguidores de la serie de 007 acaban de enterarse de que su héroe pudo no llegar a pronunciar nunca la famosísima tarjeta de visita “Mi nombre es Bond…James Bond” a lo largo de una singladura que parece no tener fin. Junto a la serie fílmica que en los últimos tiempos ha buscado inspiración más allá de los libros de Ian Fleming, la vertiente literaria sigue alimentada por autores de prestigio que han venido accediendo a prolongar la vida de James Bond. Después de Sebastian Faulks ha tomado el testigo William Boyd, quien acaba de desvelar el título de la última entrega de 007, Solo, en ese esfuerzo de los herederos por exprimir al máximo el legado de Fleming.

dimarts, 9 d’abril del 2013

Blog Punset


Conexiones


   Es muy raro que a estas alturas no sepamos absolutamente nada de dónde guardamos todo lo que supuestamente sabemos. En la Harvard Business School, en Boston, estuve esta mañana hablando con una científica que me explicaba que, gracias a las cantidades millonarias que se estaban invirtiendo por todo el mundo para salir de ese atolladero cognitivo, faltaba muy poco tiempo para descubrir eso que me preocupaba.
La verdad es que no pensaríamos gran cosa del conocimiento acumulado por un médico que pudiera dibujarnos cada hueso de nuestro cuerpo, pero que fuera incapaz de diseñar el esqueleto entero. Pues eso es lo que ocurre cuando intentamos desmenuzar nuestra actividad neural. Sabemos ahora que el gusano C. elegans(Caenorhabditis elegans), que un premio Nobel pudo estudiar durante años, tenía unas trescientas neuronas y unas siete mil conexiones que hacían de él lo que era. Seguimos los mismos pasos a la hora de definir la estructura neural del humano, pero nos tiene desconcertados el trabajar con miles de millones de conexiones en lugar de solo con siete mil. ¿Cómo construir ese mapa?

   El esfuerzo no es nada descabellado. Imaginemos lo que daría de sí descifrar las conexiones de nuestrocerebro. Si fuera cierto que todas las experiencias de una vida están codificadas en las distintas conexiones cerebrales, no resultaría imposible descargar en un ordenador todo el diagrama neural, simulando luego mi mente o tu mente. Es más, de ser cierto que todos los recuerdos están codificados en grupos celulares, no debiéramos excluir la posibilidad de que un día no lejano bastara con entresacar un pedacito de tejido humano para poder comparar las distintas estructuras de conexiones cerebrales: las de gente sana con las de autistas, esquizofrénicos u afectados por otras enfermedades mentales.

   En Boston he podido constatar que muchos científicos están a punto de descubrir cómo se conecta el genoma, cómo se doblan las proteínas y cuál es el diagrama completo del cerebro. Para ello recurren a la microscopía electrónica, a la modulación de imagen por ordenador con vistas a diseñar la más perfeccionada fotografía en tres dimensiones de la materia gris cortical jamás diseñada. Aún están lejos de dibujar la red entera del mapa cerebral, pero el camino ya está trazado.

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Mapa de las fibras nerviosas que conducen la información entre las células (imagen: Van J. Wedeen, M.D., MGH/Harvard University).

   De momento han logrado confirmar algo que es característico del comportamiento humano. Una manera de ser que revolucionará el futuro. De la misma manera que en la Universidad de Columbia en estados Unidos, así como científicos londinenses, habían sugerido hace diez años, que la experiencia individual era susceptible de resquebrajar, deformar e instruir las estructuras cerebrales o genéticas, resulta que también la actividad neural –la información que viaja entre las distintas ramas neuronales– puede conseguir que cambien las conexiones. Una vez más, y en mundos distintos, se afectan la naturaleza y la cultura; los americanos lo llaman a este fenómeno ‘nurture‘, el encuentro entre ‘nature’ y ‘culture’.

   Mientras intentan distraernos con rifirrafes sin sentido, vale la pena observar aquellos experimentos con los que la ciencia está comprobando la insospechada fuerza de la experiencia individual sobre la verdadera naturaleza de la gente. La división de ratones en dos grupos (unos con una madre que no cesaba de lamerlos y otros con una que los torturaba) sentó las bases de la importancia del entretenimiento y el amor en el conocimiento. La vida de los ratones bien tratados se prolongó más allá de lo que duró la vida de los maltratados.

   El poder recién descubierto de la experiencia individual, frente a lo que se consideraba la herencia intocable de la genética o las conexiones cerebrales, abre compuertas insospechadas a las reformas educativas, médicas y sociales.